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CuAnDo LoS SeNtiMiEnToS JuGaRoN aL EsCoNdiTe...
Una vez se reunieron todos los sentimientos y cualidades de los hombres.
EL EGOÍSMO, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero sólo para él.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite, EL AMOR es ciego, y.................. LA LOCURA siempre lo acompaña
LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris). LA PASIÓN y EL DESEO se fueron juntos al centro de los volcanes. EL OLVIDO... se me olvidó donde se escondió... pero eso no es lo importante. Cuando LA LOCURA contaba 999.999, EL AMOR aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado... hasta que divisó un rosal. Enternecido, decidió esconderse entre sus rosas. - ¡Un millón! - gritó LA LOCURA- y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue LA PEREZA, a solo tres pasos de la piedra más cercana. Después escuchó a LA FE, en el cielo, discutiendo con Dios sobre teología. A LA PASIÓN y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a LA ENVIDIA, y así pudo deducir dónde estaba EL TRIUNFO. AL EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo, el solito salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar, LA LOCURA sintió sed; al acercarse al lago descubrió a LA BELLEZA. Con LA DUDA resultó más fácil todavía: la encontró sentada sobre una cerca, sin decidir aún de que lado esconderse. Así fue encontrando a todos, AL TALENTO entre la hierba fresca; a LA ANGUSTIA en una oscura cueva; a LA MENTIRA detrás del arco iris (mentira, estaba en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO... que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite. Pero EL AMOR no aparecía por ningún sitio. LA LOCURA buscó desesperada, detrás de cada árbol bajo, en el fondo de las lagunas, debajo de las piedras, en la cima de las montañas. Se volvió loca buscando. Cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal. Sonriendo, tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas. De pronto se escuchó un doloroso grito. ¡Las espinas habían herido en los ojos AL AMOR! LA LOCURA no sabía que hacer para disculparse. Lloró, rogó, imploró, pidió perdón, y hasta prometió ser su lazarillo. |
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